Tradición, Día del Trabajador: por qué se come locro el 1° de mayo

Infaltable en los festejos de fechas patrias, en las últimas décadas se volvió también un ritual de los sindicatos al que se sumaron hogares y restaurantes. Es un plato que atraviesa todas las clases sociales y forma parte de las tradiciones argentinas. Algunos investigadores afirman que el locro se come en estas tierras desde la época colonial y tal vez por eso se volvió infaltable en todas las mesas en los festejos patrios del 25 de mayo y el 9 de julio.

Pero también, y desde hace unas décadas, el locro, tan representativo de la cultura popular, se ha convertido en el emblema gastronómico del Día del Trabajador​. Un ritual que crece desde los sindicatos, los bodegones, los hogares y hasta los restaurantes más sofisticados que lo reversionaron con un estilo más gourmet.

Apoyado en el gusto masivo y en los actos oficiales que se celebran haciendo grandes ollas, el locro adquiere identidad argentina. Pero, ¿por qué se agrega a la agenda de los rituales del 1 ° de mayo y desde cuándo?

El locro masivo organizado por el sindicato petrolero en Río Gallegos en 2019.

El locro masivo organizado por el sindicato petrolero en Río Gallegos en 2019.


El ritual de comer locro en el Día de los Trabajadores es un fenómeno relativamente reciente. Primero, porque la instauración del Día del Trabajador en Argentina, en 1890, es la evocación de una jornada de represión y muerte laboral ocurrida en 1886 en Estados Unidos. No era día para festejos sino para reclamos.

Pero además, porque cuando el primer gobierno peronista de los años 40 instaló los derechos laborales y nacieron los festejos en el Día del Trabajador (hasta con la elección de la Reina del Trabajo), todo se festejaba con otro tipo de comidas.

Carina Perticone, semióloga becaria doctoral del CONICET especializada en análisis de las culturas alimentarias, afirma: «En los registros de esos años 40 al 60 sobre las festividades colectivas y populares aparecen el asado y las empanadas como menú. No hay ninguna referencia al locro, tampoco en los festejos del Día del trabajador».

Sin embargo, Luis Fanchín, abogado laboralista y gran conocedor de la gastronomía criolla, recuerda que ya en los encuentros sindicales de mediados de la década del 60 se comía locro. «En 1969, cuando yo tenía 18 años y era un joven estudiante de Derecho, comí mi primer locro del 1° de mayo en un festejo sindical en la provincia de Santa Fe”.

Lentamente, en las últimas décadas, el locro pasó a ser menú infaltable en el Día del Trabajador, con enormes ollas humeantes de centenas de porciones de acuerdo con los afiliados del sindicato que lo organizaba. Y la costumbre se fue afirmando hasta convertirse en un clásico de la jornada.

Fanchín, que colabora en locros sindicales y barriales en Córdoba desde hace varios años, observa: «Los sindicatos son urbanos, nacen en las ciudades y pueblos de todos el país. Y la ciudad, a la hora de darle de comer a mucha gente, es siempre de ollas y no de asadores. Hacer asado es mucho más complejo. ¿Cómo le das de comer a 400 o mil afiliados? Con bocas de fuego simples, a gas. Y grandes ollas. Y el locro que gusta siempre».

El locro del bodegón Manolo. / Foto: Manolo

El locro del bodegón Manolo. / Foto: Manolo


De los festejos sindicales a los restaurantes

El tradicional locro es el plato protagonista indiscutido del 1 ° de mayo en las celebraciones de diversos sindicatos y partidos políticos.

Las agrupaciones de trabajadores de distintos puntos del país incluso compiten para superar cada año la convocatoria y alcanzar el podio del «locro más grande»​. En 2019, ese récord se lo adjudicó el Sindicato de Petroleros de Santa Cruz, que preparó en Río Gallegos 25.000 porciones preparadas con 12.000 kilos de ingredientes en 20 ollas gigantes, con 10 horas de cocción y más de 100 trabajadores que dedicaron dos jornadas a la cocción.

Puerto Cristal, en Puerto Madero, y su locro del 1 ° de mayo.

Puerto Cristal, en Puerto Madero, y su locro del 1 ° de mayo.


​Sin embargo, en los últimos años el locro del 1° de mayo trascendió los festejos sindicales y atravesó distintos segmentos sociales, ya que pasó a formar parte del menú especial del Día del Trabajador tanto en bodegones barriales porteños como Lezama (San Telmo) o El Viejo Derby (La Boca), como también en restaurantes más sofisticados como Fervor, en Recoleta, o Puerto Cristal, en Puerto Madero.

La costumbre se replica en otras ciudades del país, en celebraciones de distintos gremios y en las mesas de los hogares donde en este día muchos argentinos cocinan su propia receta de locros.

El gran plato de la festividad patria argentina, ese guiso de pobres que supo convertirse en exquisitez nacional, ha llegado a ser también emblema gastronómico de los trabajadores. Y ha llegado para quedarse, claro. Como todo buen locro que se precie.

Fuente: Clarín

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