Consultorio Médico: Lo que hay que saber sobre los lunares

Los lunares son malformaciones circunscriptas de la piel. Pueden ser genéticos, o adquiridos durante el transcurso de la vida. Pueden crecer a partir de células de una única capa de la piel, o abarcar tipos celulares de todas las camadas de la misma. Muchos están presentes en el momento del nacimiento, por lo que los llamamos “congénitos”, pero muchos otros “se hacen ver” durante el transcurso de la vida, independientemente si son genéticos o no.

Se los llama “lunares”, porque en otra época se pensaba que provenían de fenómenos relacionados a la Luna.

Son muy variables en cuanto a sus formas, colores, tamaños y localizaciones. Muchos de ellos tienen color oscuro, porque se forman a partir de las células que producen el pigmento de la piel, acumuladas en gran cantidad en un único punto, pero otros pueden tener el color de la piel normal, porque se forman a partir de células que no “fabrican” pigmento. Algunos tienen muchos capilares sanguíneos, lo que les otorga una coloración rojiza o violácea. En algunos casos tienen pelo abundante y grueso, porque la malformación afecta a las células formadoras de pelo.

Desde el punto de vista que tiene relación con su peligrosidad, es necesario conocer algunas características anormales de los lunares, que pueden vincularse a un temido tipo de cáncer conocido como “melanoma”.

Los lunares pigmentados son muy comunes, y por lo general no revisten gravedad, pero algunos pueden adquirir características “sospechosas” que habrá que tener muy en cuenta al realizar su observación. Vamos a repasar los puntos prácticos más importantes que se deben considerar cuando revisamos un lunar.

El primer punto a tener en cuenta es el tamaño, siendo normal un diámetro hasta 6 milímetros. Un tamaño mayor nos debe preocupar.

El segundo punto a considerar es la regularidad de los bordes del lunar, siendo normal que tenga bordes regulares, lisos y parejos, pero anormal cuando los mismos son irregulares, “dentados”, o similares a un “mapa geográfico”.

La asimetría del lunar es otro motivo de preocupación, como ocurre cuando un lado es redondeado, pero del otro lado de la línea media del mismo tiene una forma triangular o estrellada, rompiendo así el equilibrio y la armonía entre los cuadrantes.

El color es otro factor a tener en cuenta, ya que un lunar normal tiene una tonalidad pareja y homogénea, pero anormal si presenta diferentes colores dentro del mismo. Un color muy negro también debe ser motivo de consulta profesional.

La velocidad de crecimiento de un lunar, también es una medida de evaluación del mismo, ya que si se observa un crecimiento repentino en un corto período, mismo que no llegue 6 milímetros, será motivo de alerta.

Cualquier lunar que descame, sangre, pique o duela de manera espontánea, se considera patológico.

Para resumir y ordenarnos en nuestra forma de observar los lunares, tenemos que pensar en la regla del “A, B, C, D, E”, que nos recuerda A de “asimetría”, B de “bordes irregulares”, C de “color desparejo”, D de diámetro mayor de 6 milímetros, E de “evolución de crecimiento rápido del lunar”.

Como regla general, ante cualquier alteración de las características mencionadas, se aconseja consultar con un profesional de salud, preferentemente un dermatólogo.

 

Artículo escrito por el Dr Carlos Levigne (médico) Universidad de Buenos Aires.
Especialista de piel.
Médico del Sanatorio Le Blanc de CDE.

 

 

 

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