Se cumplen 39 años del caso Schoklender, el parricidio más impactante de la historia criminal argentina

Sergio y Pablo asesinaron a sus padres Mauricio y Cristina, que fueron encontrados en el baúl del auto familiar frente al parque Las Heras. El Dodge Polara estaba estacionado en Coronel Díaz al 2500, frente al parque Las Heras de la Capital Federal. Algo chorreaba y dos chicos que jugaban en el lugar se acercaron. Era un hilo de sangre que caía desde el baúl. Los nenes corrieron a avisarles a sus padres, que llamaron a la Policía. Lo mismo hizo el encargado de un edificio, que también notó el charco de sangre abajo del auto.

Así fue como se descubrió el doble crimen de Mauricio Schoklender (53) y Cristina Silva Romano (49), el 30 de mayo de 1981. El parricidio más escalofriante de la historia criminal argentina. Por el caso fueron condenados a prisión perpetua Sergio Mauricio (62) y Pablo Guillermo Schoklender (59), dos de los tres hijos del matrimonio.

No fue una tarea sencilla abrir el baúl del Dodge y tuvieron que usar un detonante. Cuando la Policía logró hacerlo, confirmó las sospechas de que allí adentro los esperaba algo macabro. Los cuerpos de un hombre y una mujer estaban envueltos en sábanas, con sus cabezas cubiertas con bolsas de nylon. Llevó un par de horas identificarlos y saber que eran Mauricio y Cristina.

Los dos estaban vestidos con sus pijamas, maniatados y con signos de haber sido golpeados brutalmente. El ingeniero, que trabajaba en el Grupo Pittsburgh, tenía la cabeza destrozada. La investigación confirmó después que además de haber sido atacadas a fierrazos, las víctimas habían sido asfixiadas.

 

Pablo y Sergio Schoklender.

Pablo y Sergio Schoklender.


 

En ese momento el país estaba bajo la dictadura militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional”. La única similitud de aquella época con esta era la inestabilidad cambiaria.

El doble crimen causó impacto en la sociedad. Pero la conmoción llegó cuando se conoció que los dos sospechosos eran los dos hijos varones del matrimonio: Sergio y Pablo, que entonces tenían 23 y 20 años, respectivamente.

Ana Valeria, de 19, fue descartada desde el primer momento como partícipe del hecho. Tiempo después cambió su identidad y solo se sabe que vive en «un barrio de clase media» de alguna ciudad argentina.

De la investigación se pudo saber que Mauricio y Cristina habían sido asesinados en su departamento del cuarto piso de Tres de Febrero 1480, en el barrio porteño de Belgrano. Esa noche, el matrimonio había salido a festejar el cumpleaños de Sergio a un restaurante en la Costanera.

Pablo estaba distanciado de la familia, desde que había intentado prender fuego la habitación de sus padres con ellos adentro unos meses antes del crimen y vivía en un hotel.

Cuando volvieron de cenar, nadie sabía que Pablo había logrado entrar a la casa y se había escondido en un placard.

Se quedó ahí hasta la madrugada y salió cuando su madre y Sergio se encontraban en el living. Entonces él la atacó desde atrás y le dio un golpe en seco en la cabeza. La mujer cayó inconsciente. Pablo le siguió pegando y Sergio agarró una soga y se la ató al cuello para asegurar la muerte.

 

La tapa de Clarín del 5 de junio de 1981, con la noticia de la detención de los hermanos Sergio y Pablo Schoklender, acusados del doble crimen de sus padres.

La tapa del diario Clarín del 5 de junio de 1981, con la noticia de la detención de los hermanos Sergio y Pablo Schoklender, acusados del doble crimen de sus padres.


 

De allí, los dos hermanos fueron a la habitación donde dormía Mauricio. Lo atacaron en la cama mientras dormía. Le pegaron en la cabeza con una barra de acero de las que se usan para hacer pesas en el gimnasio y lo asfixiaron con un torniquete en el cuello usando una soga y la misma barra.

Con el doble homicidio consumado, Sergio y Pablo iniciaron el plan para ocultar los cuerpos. Los envolvieron en sábanas, les taparon la cabeza con bolsas y los bajaron hasta la cochera, para esconderlos en el baúl del Dodge Polara. Antes de dejar la casa, armaron valijas para simular que sus padres estaban por irse de viaje.

La idea era deshacerse del auto con los cadáveres de sus padres pero lo que no se sabe es por qué terminaron dejando el auto estacionado frente al Parque Las Heras, donde lo vieron chorrear sangre.

Lo que vino después fue la fuga. Sergio y Pablo tomaron dinero que era de sus padres, le pidieron 5000 dólares a uno de los empresarios para los que trabajaba Mauricio y escaparon hacia Mar del Plata.

 

Pablo (atrás, en el centro) es trasladado a la Comisaría 21, el 5 de junio de 1981.

Pablo (atrás, en el centro) es trasladado a la Comisaría 21, el 5 de junio de 1981.


 

Allí se registraron con identidades falsas en el hotel Gran Dorá. Durante su estadía, se contactaron con el Aeroclub local para alquilar un avión que los llevara a Uruguay. No lo consiguieron.

En el medio convencieron a un empresario publicitario de que estaban por lanzar una línea de embarcaciones y le pidieron dinero y modelos full time para hacer una campaña. Cuando la cobertura del caso monopolizaba las tapas de todos los diarios, revistas y noticieros, el plan comenzó a desmoronarse. Los dos hermanos, entonces, decidieron separarse para no ser descubiertos.

Sergio se compró un caballo y emprendió rumbo hacia el norte. Hizo cerca de 30 kilómetros hasta que en la localidad de Cobo paró a tomar algo en un viejo almacén. Uno de los empleados lo reconoció, lo redujo y lo encerró en un galpón. Lo sometieron a un interrogatorio y a la mañana siguiente le avisaron a la Policía. Cuando los agentes llegaron, descubrieron que Sergio había logrado liberarse y escapar. Un operativo que incluyó rastrillajes, patrulleros y helicópteros lo encontró sentado abajo de un puente, en la mañana del 4 de junio.

 

Sergio Schoklender, en una entrevista en Clarín, en 2011 y con motivo de la causa Sueños Compartidos. (Fernando de la Orden)

Sergio Schoklender, en una entrevista en Clarín, en 2011 y con motivo de la causa Sueños Compartidos. (Fernando de la Orden)


 

Ese mismo día cayó Pablo, en Tucumán. También había conseguido un caballo con el que planeaba, y hasta dicen que lo intentó, cruzar a Bolivia.

En su primera declaración como detenido, Sergio asumió la responsabilidad del doble crimen, que entonces se convertía en un parricidio. «Mi madre era alcohólica y adicta a las pastillas. Cuando perdía el control, le hacía insinuaciones sexuales a Pablo», le dijo a la Policía. También dio detalles de cómo habían tramado el ataque a golpes con la barra de una mancuerna y la técnica del torniquete para matar al padre.

Ese primer testimonio empezó a sufrir variaciones cada vez que Sergio declaraba ante los investigadores. Una vez dijo que había sido él solo el asesino. Otra, se desligó de todo y relató que los verdaderos asesinos estaban vinculados al negocio ilegal de las armas. La empresa en la que trabajaba Mauricio tenía contratos con la dictadura argentina en la producción y adquisición de material bélico. Para reforzar esa hipótesis, Sergio dijo que los habían torturado y amenazado de muerte si contaban la verdad.

 

Pablo Schoklender ingresa a los Tribunales Federales de Comodoro Py. (Alfredo Martínez)

Pablo Schoklender ingresa a los Tribunales Federales de Comodoro Py. (Alfredo Martínez)


 

El caso llegó a juicio y el 12 de marzo de 1985, Sergio Schoklender fue condenado a prisión perpetua por la jueza Marta Lopardo por doble homicidio calificado por el vínculo y alevosía. A Pablo lo absolvieron por falta de mérito pero un año después la Sala V de la Cámara Nacional de Apelaciones le aplicó la misma pena que a su hermano. Pero como si supiera de antemano lo que iba a pasar, aprovechó la ventana que le dio la Justicia para salir del país con una identidad falsa y se instaló en Bolivia, donde lo descubrieron en 1994. Recién entonces lo encarcelaron.

Sergio, que se recibió de abogado y psicólogo en prisión, consiguió la libertad condicional en 1995 al cumplir dos tercios de su condena. Pablo consiguió salidas laborales en 2001.

 

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, junto a Pablo Schoklender, en una visita a la obra en construcción de 36 casas en la Villa 15 (Ciudad Oculta).

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, junto a Pablo Schoklender, en una visita a la obra en construcción de 36 casas en la Villa 15 (Ciudad Oculta).


 

Los dos hermanos volvieron a estar en la escena mediática cuando estalló el escándalo de “Sueños Compartidos” en 2011. Sergio y Pablo Schoklender eran apoderados de la Fundación Madres de Plaza de Mayo y están acusados, junto a otras 20 personas, del desvío de fondos públicos para la construcción de viviendas sociales. El caso fue elevado a juicio el año pasado y todavía no tiene fecha. Entre los acusados, además de los Schoklender, están los ex funcionarios Julio De Vido, José López y Abel Fatala y otros 17 imputados.

Lo último que se sabe de los dos hermanos es que Sergio estaba viviendo en la localidad santafesina de Pérez. Pablo, en cambio, se instaló hace cinco años en Paraguay y usa su apellido materno, Silva. Los dos seguirían vinculados al rubro de la construcción, el mismo que los llevó a estar nuevamente involucrados en una causa penal.

 

Fuente: Clarín

Una opinion en “Se cumplen 39 años del caso Schoklender, el parricidio más impactante de la historia criminal argentina”

  1. Ignorante dice:

    Bueno todo dicho, para que la gente sepa quienes son, estos «angelitos del Señor», que enarbolan falsamente la bandera de los derechos humanos, de la izquierda-derechosa. Gracias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.